FATA MORGANA XII. Conectados

por Milagrosa Quijano

Si hemos venido a hablar de arte, déjenme que les diga que no hay mayor arte que saber con quien juntarte. Y es que cada vez soy más consciente de la importancia que tienen las relaciones en el desarrollo de nuestra vida y felicidad. Cuanto más tiempo pasamos con alguien, más trozos de nuestros cerebros se comparten al comunicarnos. El mío, mi cerebro, burbujea contento cuando elijo bien. Así que ya he aprendido a hacerle caso. Con alguno de esos elegidos, que mi cerebro reconoce con alegría, me fui el pasado mes a Málaga al estreno de la Factoría Echegaray de una “Antígona” contemporánea. Una acción de teatro físico con la dramaturgia del sonido como pilar fundamental, que reactualiza la tragedia de Sófocles llevando a Antígona al conflicto palestino-israelí. “Antígona en Jerusalén” y sus cuatro actrices en escena revivieron la tragedia tebana, en este caso para enterrar a Ismene, la hermana de Antígona, al otro lado de la frontera. Lo mejor para mí, la compañía y la charla post-teatro, cautivados por la noche malagueña.

De una apuesta escénica nada convencional salté dos días después a todo lo contrario. También en Málaga y en esta ocasión en el Teatro del Soho. Jacinto Benavente. Drama rural. “Malquerida”, con Aitana Sánchez Gijón encabezando el reparto en el papel de Raimunda, la madre. En esta adaptación que dirige Natalia Menéndez, suprimen el artículo original dejando el título con un contundente adjetivo. Curiosamente, Aitana ya la interpretó hace casi 40 años; en aquella ocasión en el papel de Acacia, la hija, cerrando un círculo biográfico y artístico realmente interesante. Desde luego, para mí, la malquerida es Raimunda sin duda, con un corazón herido y llena de contradicciones. Tengo que destacar el papel de Goizailde Núñez como Juliana, que vertebra la acción y cautiva al espectador con su fuerza y naturalidad.

En portugués brasileiro existe una palabra para esa gente que siempre intenta llamar la atención pero que no lo logra porque, en realidad, no destaca en nada. “Es un desaplaudido”. Es maravillosa. Tenemos que importarla al castellano, al menos en el argot teatral sería de mucha utilidad porque no hay nada más cansino que tener a un desaplaudido o aún peor, a más de uno, cerca.

Y luego pasa lo que nos ocurrió hace unos días, en el concierto de Nick Cave en Mad Cool, Madrid. Yo me reafirmaba en mi teoría de que hay personas, en concreto artistas, que parecen estar “conectados” porque su forma de crear o interpretar está por encima de lo humano. Y es ante esas presencias cuando me siento pequeñita. Lo hablaba con uno de mis mejores amigos, músico y creador también; y no, creo que experimentar esto no debe provocar el rendirnos, sino la motivación para superarnos. Y con ese talante me enfrento a estas letras una vez más. Cada vez con más humildad pero también con ilusión de que mis líneas me hagan sentir conectada aunque sea a una sola persona de las que me lean. Ese es el veneno de la escritura, ese es el veneno del teatro, el veneno de la creación. Todos buscamos conectar pero solo algunos son los elegidos.

Y es hablar de artistas conectados y mi cabeza canta, sí, mi cabeza me canta mucho, ¿a vosotros no?”El sueño va sobre el tiempo flotando como un velero,(…) nadie puede abrir semillas en el corazón del sueño(…) y si el sueño finge muros en la llanura del tiempo, el tiempo le hace creer que nace en aquel momento”. Camarón, con “La leyenda del tiempo” recuperó esos versos de Federico, tal para cual, vaya dos seres conectados. Federico García Lorca emprendió su viaje a EEUU y Cuba con la idea en la cabeza de que el teatro español se sumía en obras comerciales y de poca calidad. Allí se siente inspirado y comienza a escribir un teatro “diferente” y comienza a pensar en el “teatro del porvenir”¿es o no estar conectado y adelantado a su tiempo?. Obras simbólicas y con imágenes profundamente surrealistas: “El público”,” La comedia sin título”o” Así que pasen cinco años” (La leyenda del tiempo como subtítulo). Él ya denominó aquello como teatro irrepresentable, como una triste premonición de que nunca las vería puestas en escena. Décadas más tarde, concretamente en 1979, Camarón de la Isla recupera esos versos que dan título a su décimo álbum y la que está considerada como una de las obras más importantes de la historia del flamenco.

Volviendo a mi lista de deseos, escribí una nueva línea, que espero ver cumplida antes de que acabe el año. Es “Jardín quemado” de Juan Mayorga, actualmente en el Teatro de la Abadía bajo su dirección. La pieza, escrita en los años 90, por el Académico de la Lengua y posiblemente el mejor dramaturgo español vivo, aborda temas como el trauma colectivo, la memoria histórica, la justicia y las zonas grises entre víctimas y verdugos. No ofrece respuestas claras, sino que invita al espectador a convivir con preguntas incómodas y a interpretar desde su propia experiencia. Precisamente es una de las características que me fascinan de este autor. Cree en la madurez del espectador, que no hay que dárselo todo mascado, sino que ha de ser el que piense y días después, quizá en casa, saque sus propias conclusiones. Crea desconcierto, ya que no se comprende desde lo racional, sino desde la intuición y la experiencia escénica. Sus personajes, están construidos desde el silencio y la ambigüedad, evitando juicios cerrados o explicaciones psicológicas simples.

Buscando información sobre esto, me topé con unas declaraciones de Mayorga, quien defiende que ni siquiera el autor necesita entender completamente su obra, dejando espacio a la libertad interpretativa del equipo y del público. “Los autores no tenemos porqué entender todo lo que escribimos”¿es o no es estar conectado? La obra, aunque nació en el contexto de la Guerra Civil española, se ha adaptado ligeramente para reforzar su dimensión universal, conectando con conflictos actuales. Uno de sus ejes centrales, la memoria histórica: la necesidad de duelo, de enterrar a los muertos y de enfrentar el pasado para evitar injusticias. Absolutamente vigente porque refleja una “guerra entre hermanos” que hoy se percibe a nivel global.

Esto me lleva a reflexionar sobre los conflictos que se repiten una y otra vez en el arte, y es que, en general, preferimos creer que somos los sujetos activos de nuestras victorias pero solo somos los objetos pasivos de nuestras derrotas. Vuélvelo a leer.

Sobre gustos sí se puede hablar, incluso discutir y discrepar. Así que estaré encantada de que me cuentes tu opinión.

Mientras tanto, seguiré dejando que el verano me lleve, descubriendo conexiones misteriosas o no tanto y regresaré a estas páginas a contaros qué he visto, qué quiero ver y cómo se ve la vida con ojos nuevos.