Eduardo Chillida - El sueño del vacío absoluto en Tindaya.

por Carlos D Santaka

Pon el corazón de Fuerteventura, allí donde el viento esculpe la traquita y el tiempo parece haberse detenido en la era de los antiguos majos, se proyectó una de las obras más ambiciosas y controvertidas de la historia del arte moderno. No se trata de una escultura para ser observada desde fuera, sino de una arquitectura del espíritu diseñada para ser habitada por la luz: el Proyecto Tindaya de Eduardo Chillida.
La utopía de «lo profundo es el aire»
Eduardo Chillida, el maestro del hierro y el hormigón, pasó su vida persiguiendo el límite entre la materia y el espacio. Para él, el vacío no era la ausencia de algo, sino un material con peso propio. En 1994, inspirado por los versos de Jorge Guillén «lo profundo es el aire». Chillida concibió una idea radical: vaciar el interior de una montaña sagrada para crear un «monumento a la tolerancia».
Su visión consistía en excavar un cubo perfecto de 50 metros de lado en las entrañas de la Montaña de Tindaya. Un espacio donde la escala humana se viera desbordada por la inmensidad de la piedra.
El baile de las luces y las sombras
Lo más fascinante del estudio de Chillida eran los «huecos». El artista diseñó dos enormes embocaduras o tragaluces verticales que perforarían la montaña desde la superficie hasta la cámara central. Estos conductos no solo ventilarían el espacio, sino que actuarían como pinceles de luz:
La luz del sol: Durante el día, un haz de luz sólida recorrería las paredes de roca, cambiando de ángulo y color según la estación.
La luz de la luna: En las noches claras, la montaña se convertiría en un receptáculo de luz plateada, conectando el centro de la tierra con el cosmos.
Para Chillida, entrar en Tindaya debía ser una experiencia mística: un lugar donde todas las personas, sin importar su religión o procedencia, se sintieran unidas bajo la misma cúpula de roca y cielo.
Una obra suspendida en el tiempo
Hoy, el proyecto permanece como una «escultura invisible». Aunque las maquetas y los estudios técnicos demuestran su viabilidad, la obra nunca se ejecutó. La montaña es un tesoro arqueológico que alberga cientos de grabados podomorfos (siluetas de pies) de los antiguos habitantes de la isla, lo que generó un intenso debate entre el progreso artístico y la conservación del patrimonio.
Tindaya sigue siendo hoy un recordatorio de la genialidad de un hombre que no temía a los imposibles. Aunque el cubo de vacío no se haya excavado físicamente, en la mente de cualquier amante del arte, la montaña ya está hueca, llena de esa luz que Chillida imaginó para todos nosotros.
Formalmente, la pieza un volumen de hormigón de escala monumental se organiza como un espacio abierto que abraza el vacío.
Pero lo verdaderamente arquitectónico no es su masa, sino su interior.
Chillida no construye un objeto, sino un lugar. Un espacio que solo se completa cuando el visitante entra, escucha y mira.
La forma no es solo visual, sino también sensitiva con la atmosférica.
El visitante no contempla el espacio desde fuera; lo experimenta desde dentro de la obra.
El viento atraviesa la cavidad y genera un sonido grave, casi litúrgico.
En estas condiciones, la obra deja de ser un objeto contemplativo y se convierte en un acontecimiento.
La respuesta de Chillida es afirmativa.
En un mundo donde la arquitectura tiende al control absoluto del entorno.
Chillida falleció en 2002 sin ver su «montaña mágica» terminada, dejando tras de sí solo maquetas, dibujos y visualizaciones digitales que capturan la escala monumental que imaginó. obra buscaba crear un gran espacio vacío dedicado a la tolerancia y la unión de la humanidad.
Significado: La obra fue denominada por el artista como «El sueño de la tolerancia». Su intención era que las personas, independientemente de su origen, pudieran sentir la pequeñez humana ante la inmensidad del espacio y la naturaleza.
la maqueta definitiva y más famosa para presentar el proyecto de Tindaya se realizó en alabastro.
Chillida eligió el alabastro porque es el material que mejor replica la forma en que la luz penetra en la piedra. Al tallar el cubo vacío dentro del bloque de alabastro, podía ver cómo las paredes internas se iluminaban de forma difusa, simulando exactamente el efecto que quería lograr en la montaña real.